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Mira mi reflejo, puedes ser tú

Ácidos Acme

Constelaciones del indie en Lima, 1994–2005

Por Luis Alvarado

Foto de cabecera, detalle de Rayobac, foto por Mauricio Freyre.

El reciente estreno en NTS del mixtape Lima Indie 1994–2005, dedicado al indie hecho en Lima, sirve como punto de partida para este artículo sobre esa escena y algunos de los proyectos que la conformaron.

Durante años la historia del rock peruano se ha contado sobre todo desde Lima y a partir de ciertos momentos considerados “fundacionales” o “canónicos”. Mientras tanto, muchas otras escenas y procesos han quedado en segundo plano. En los últimos años han empezado a aparecer investigaciones y crónicas sobre lo ocurrido fuera de la capital, lo que permite ver con mayor claridad tanto la diversidad del rock en el país como el carácter centralista de la forma en que se ha narrado.

Pero el problema no es solo geográfico. El rock peruano también ha tenido dificultades para contar lo que ocurre cuando la propia idea de “rock” empieza a volverse inestable. Sabemos bastante sobre los grandes hitos y sobre momentos emblemáticos como el rock subterráneo (tema al que se le han dedicado libros, documentales y ensayos), pero sabemos menos sobre lo que ocurre después, en esas zonas donde las etiquetas dejan de ser tan claras.

Existe un relato relativamente establecido sobre ciertas escenas y ciertos nombres. Lo que sigue faltando es atender a las historias más pequeñas: proyectos breves, circuitos frágiles, intentos que no siempre dejaron un registro claro. Esas microhistorias no solo completan el mapa; también lo cuestionan. Muchas veces, lo que parece disperso es precisamente lo que mejor revela las transformaciones profundas de una escena.

En ese vacío historiográfico se ubica el período que va de 1994 a 2005, cuando empezaron a surgir en Lima proyectos que hoy podemos reconocer como parte de un circuito indie local. No es que esos años no hayan sido abordados, pero con frecuencia se los ha leído a través de unos pocos nombres o “movidas” que simplifican un panorama mucho más diverso. En realidad, fue un momento en el que convivieron búsquedas distintas y circuitos que apenas se tocaban entre sí. Más que una escena claramente articulada, lo que existía era una constelación de proyectos que compartían ciertas referencias y formas de circulación, muchas veces sin una conciencia clara de pertenecer a un mismo espacio.

A mediados de los noventa la etiqueta “indie” ya circulaba internacionalmente, tanto para referirse a una forma de producción independiente como para describir ciertos sonidos vinculados al rock alternativo. Parte de esa cultura también implicaba una relación intensa con la historia del rock: descubrir discos olvidados, intercambiar referencias y reconstruir genealogías musicales. En muchas escenas, escuchar música era también una forma de investigar el pasado reciente del rock.

En Lima, esa noción empezó a aparecer de manera gradual. No lo hizo como un movimiento coherente, sino a través de proyectos que exploraban terrenos cercanos al noise rock, el indie pop o el shoegaze, en un momento en que la información todavía circulaba con lentitud y cada banda parecía empezar desde cero.

Conviene detenerse brevemente en los múltiples significados de la palabra ‘indie’. En los años ochenta designaba sobre todo una forma de producción: música publicada por sellos independientes, fuera de las grandes discográficas. En ese momento formaba parte del universo más amplio del llamado rock alternativo, que reunía distintas escenas y estilos alejados del mainstream.

A comienzos de los noventa eso empezó a cambiar. La irrupción del grunge y el éxito masivo de bandas como Nirvana mostraron que un sonido surgido de circuitos independientes podía convertirse en un fenómeno global. Parte de esa escena llegó al mainstream llevando consigo una estética y una forma de trabajo nacidas fuera de la gran industria. A medida que el rock alternativo pasaba a ocupar el centro del mercado, la palabra “indie” empezó a desplazarse: dejó de referirse únicamente a la independencia económica y comenzó a usarse también para nombrar a las escenas y sonidos que permanecían fuera de ese nuevo mainstream alternativo.

Con el tiempo, ya entrado el siglo XXI, el término pasó a funcionar muchas veces como un paraguas amplio para distintas formas de pop y rock alternativo. Pero esos significados no desaparecieron del todo: siguen coexistiendo. Para algunos músicos, el indie sigue siendo sobre todo una forma de trabajar: grabar con pocos recursos, editar en sellos pequeños, sacar casetes o vinilos en tirajes limitados, organizar conciertos y sostener circuitos propios. Una lógica de autonomía que también existe en otras escenas musicales. Para otros funciona más como una referencia estética ligada al revival del rock de guitarras de los 2000, heredero de bandas como The Strokes o Arctic Monkeys. Entre ambos extremos conviven múltiples posiciones.

También conviene distinguir entre “independiente” e “indie”. No toda música producida fuera de la industria entra necesariamente en esa categoría. Escenas como el dark wave, el EBM, el IDM o la improvisación libre han funcionado durante décadas a través de sellos pequeños y circuitos paralelos sin ser descritas habitualmente como “indie”. En parte porque esa etiqueta terminó asociándose sobre todo a una tradición del rock alternativo (históricamente vinculada a bandas de guitarras) y al formato canción: melodías claras, estructuras heredadas del pop y un protagonismo frecuente de las guitarras, incluso cuando esas formas se cruzan con el ruido, la distorsión o la experimentación.

En Lima, ese proceso empezó a tomar forma a mediados de los noventa, en un momento en que el ecosistema musical de la ciudad comenzaba a transformarse. No apareció como un movimiento coherente ni como una escena claramente delimitada, sino a través de proyectos dispersos que empezaban a grabar con los medios disponibles, organizar conciertos pequeños y circular su música por canales informales.

Pero ese mismo período fue también el de una transición más amplia en el país. Entre 1994 y 2005 el Perú atravesó el tramo que va desde la segunda mitad del régimen de Alberto Fujimori hasta la transición democrática posterior al 2000 y los primeros años de recomposición institucional. Ese proceso reconfiguró el escenario público tras una década marcada por la concentración de poder.

En paralelo, las reformas económicas aplicadas desde comienzos de los noventa: apertura comercial, privatizaciones y estabilización de la economía, fueron cambiando el entorno urbano y cultural. A fines de la década empezó a ampliarse el acceso a tecnología y música que antes eran más difíciles de conseguir. La expansión del cable hizo que señales como MTV Latinoamérica formaran parte del consumo cotidiano de una generación; la importación de discos se volvió más común y la grabación doméstica empezó a ser una posibilidad concreta para más músicos.

En ese contexto empezaron a aparecer nuevas revistas y publicaciones alternativas. Muchos de los jóvenes que escribían en ellas provenían de ámbitos universitarios y estaban conectados con tiendas de discos y redes de intercambio, espacios donde el acceso a referencias e información internacional era más frecuente. No era algo completamente nuevo (la escena subte de los ochenta había tenido una intensa cultura de fanzines), pero revistas como Caleta, Interzona, Freak Out o 69 surgieron en un momento en que el acceso a discos e información comenzaba a ampliarse y funcionaron como espacios de conversación en torno a músicas que no ocupaban un lugar central en la prensa general. En algunos casos (aunque no era lo más habitual) quienes escribían en estas publicaciones también participaban en proyectos musicales o terminarían formando sus propias bandas.

El nombre de una de ellas, Caleta, también decía algo sobre la época. En el Perú dicha palabra suele usarse para referirse a algo que permanece medio oculto o que circula solo entre pocos. En años en que los discos, las revistas extranjeras o los videos musicales no circulaban con facilidad, descubrir música muchas veces dependía de viajes, encargos o amistades. La información no llegaba igual para todos, y en ciertos círculos saber qué estaba pasando afuera podía convertirse en una pequeña forma de distinción. En ese contexto, conocer ciertos discos o bandas también funcionaba como una forma de reconocimiento dentro de círculos reducidos: saber qué escuchar, dónde conseguirlo o quién lo tenía terminaba siendo parte de su lenguaje interno.

La expansión de las cabinas de internet a fines de los noventa, la masificación del CD-R y el multicopiado, los blogs y foros de discusión, el intercambio de archivos en plataformas como Soulseek y, hacia mediados de los 2000, la aparición de espacios como MySpace transformaron las formas de escuchar y difundir música. Lo que en 1994 dependía casi exclusivamente del boca a boca, de casetes y de circuitos locales muy pequeños, hacia 2005 podía empezar a circular en línea. En pocos años, la infraestructura para descubrir y compartir música había cambiado por completo.

En ese escenario, marcado por cambios políticos, económicos y tecnológicos, la categoría “indie” empezó a volverse reconocible en Lima y a tomar forma a través de prácticas que no eran completamente nuevas en el rock local, pero que reaparecían con otros matices: grabar con lo que se tenía a mano, distribuir por canales alternativos y establecer conexiones que no pasaban necesariamente por la validación de la industria o los medios masivos.

Pero ese circuito no se desarrolló en un vacío social. Lima es una ciudad profundamente segmentada, donde las distancias entre barrios suelen traducirse en circuitos culturales distintos. Buena parte de los locales de conciertos y espacios de sociabilidad vinculados a estas músicas se concentraban en distritos como Barranco, Miraflores o el Centro de Lima, mientras que la circulación de discos y otros materiales se articulaba en algunos puntos específicos de la ciudad, como los puestos de Polvos Rosados en Surco o las tiendas de Galerías Brasil en Jesús María, que durante años funcionaron como lugares clave para conseguir discos y encontrarse con otros aficionados. Sin embargo, los proyectos no provenían únicamente de esos mismos lugares. Bandas y músicos aparecían también desde distintos puntos de la ciudad, incluidos distritos de Lima Norte, Sur y Este, recordando que la geografía social de Lima no coincide necesariamente con los lugares donde se concentran los circuitos del rock y la música alternativa.

Fue en esos años cuando empezaron a aparecer algunos de los proyectos que hoy permiten reconstruir ese momento inicial. Si se intentara rastrear ese período, previo a la consolidación de un circuito más reconocible, habría que mencionar iniciativas como El Rayo X, proyecto que Miguel Uza formó en 1994, o Ácidos Acme, liderada por Chino Burga, cuya maqueta apareció ese mismo año. Ambas contribuyeron a delinear un nuevo camino.

Ese camino supuso una transición desde una cultura DIY asociada al rock subterráneo hacia una sensibilidad que empezaba a reconocerse como indie: salir del esquema punk, tan ligado al DIY local, para explorar el formato canción pop con mayor libertad y al mismo tiempo articularse con una cultura indie global en expansión. Proyectos vinculados al shoegaze y al noise pop, como Espira, Catervas o Resplandor, fueron perfilando esa búsqueda, cruzando melodía y ruido en un momento en que las herramientas para grabar y circular música comenzaban a democratizarse.

Al mismo tiempo, durante esos años también empezaba a consolidarse en Lima una escena alternativa con mayor visibilidad, articulada en parte alrededor de sellos como Navaja o Eureka. Ese circuito ayudó a concentrar y difundir varias de las bandas más visibles del momento, pero representaba solo una parte del panorama. Muchos otros proyectos surgían por fuera de ese eje. En algunos casos, esa distancia también respondía a una búsqueda estética: la voluntad de alejarse de ciertos códigos del rock alternativo que empezaban a dominar la década.

Electro-Z

Dentro de ese proceso, Electro-Z, con su sonido cercano al noise pop, terminó funcionando como una referencia importante para la escena, tanto por el impacto de su único álbum (1999), publicado de manera independiente, como por sus shows, que contribuyeron a legitimar ese tipo de sonido dentro del circuito local. Tras su salida del país en 2001, que en la práctica marcó el cierre de la banda, empezaron a aparecer proyectos como Rayobac, Los Últimos Días del Dr. Zaiuz, Callahan, Abrelatas, Serpentina Satélite, Lego, Las Tabas, Kinder, Caudillismo & Pedigri, Ambarina o Demolición, entre otros.

En 2004, inspirado por la compilación “Vamos a ser felices” (de artistas locales de lo fi, primera referencia de Buh Records), Iván Esquivel (Callahan) fundó Internerds, un sello discográfico que buscó activar esa escena indie local que ya venía tomando forma.

Visto en retrospectiva, resulta tentador asociar aquellas experiencias con lo que ocurre hoy, ahora que un nuevo circuito de bandas independientes se ha establecido en Lima. No porque se trate de la misma música ni de las mismas condiciones, sino porque reaparecen ciertas preguntas: cómo sostener una escena sin una industria sólida detrás, cómo circular cuando los espacios son limitados, cómo hacer canciones que no encajen del todo en los moldes dominantes y aun así encontrar un público.

Las 17 canciones que siguen no pretenden fijar un canon ni agotar la historia. Funcionan más bien como un recorrido posible por ese período: una serie de lecturas breves que, a partir de canciones concretas, permiten asomarse a algunas de las formas que fue tomando el indie en Lima entre 1994 y 2005.

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ACIDOS ACME – Buscando a Venus (1994)

En la primera mitad de los noventa hubo en Lima un brote de bandas que asimilaron el espíritu del rock alternativo internacional de la época: guitarras distorsionadas y un sonido crudo, en diálogo con la ola que había llevado al mainstream a grupos surgidos de la escena independiente. Injectors, Actitud Frenética, Malditos Poetas, Asesinados Por Su Arte, Espirales, Circo de Marionetas, El Aire, Huelga de Hambre, Rafo Ráez, los G-3 (en su etapa Psicotropía) y, por supuesto, Ácidos Acme compartían esa energía.

Formados a fines de 1993 por Miguel Ángel Burga (guitarra y voz), Gabriel Bailetti (bajo) y Enrique de Vinatea (batería), Ácidos Acme fueron, sin duda, quienes más acentuaron el costado ruidoso y exploraron vertientes como el noise rock e incluso ciertos climas cercanos al shoegaze. “Buscando a Venus”, incluido en el demo Estado de Ánimo (1994), es una muestra clara de esa inclinación: una canción sostenida por una guitarra cargada de distorsión que, desde una aparente austeridad, construye una masa sonora envolvente. La voz, ligeramente hundida en la mezcla, concentra la línea melódica y refuerza la atmósfera introspectiva. Las palabras, apenas susurradas y difíciles de distinguir en la grabación, funcionan más como textura que como relato; sin embargo, la letra (que está incluida en el cassette original) deja entrever imágenes breves de búsqueda y entrega (“directo al infierno iré por ti”), que intensifican el carácter nebuloso de la canción.

Allí se revelan varias de las ideas que Miguel Ángel Burga, conocido como Chino Burga, desarrollaría después en su banda Espira. En 2016, una nueva versión de esta canción, presentada simplemente como “Venus”, fue incluida en el split de 3AM (proyecto solista de Burga) y Farflung, editado por el sello holandés Headspin Records.

El demo de Ácidos Acme no está disponible en plataformas digitales, pero fue reeditado en 2024 en formato CD por Gonzo Records, con temas inéditos y grabaciones en vivo añadidas.

EL RAYO X – Edén (1995)

A diferencia de las bandas asociadas al grunge, El Rayo X centraba su propuesta en el sonido del noise rock y en el uso de afinaciones de guitarra poco convencionales, aunque aún conservaba ciertos elementos de la crudeza del rock subterráneo.

Formada en 1994 por estudiantes de la facultad de artes de la PUCP: Manuel Larrea (guitarra y voz), Armando “Chuto” Andrade (batería) (quien sería reemplazado luego por Francisco Melgar), Cayo Navarro (bajo y voz) y Miguel Uza (guitarra). La banda ofreció solo dos conciertos durante los cuatro años que estuvieron ensayando.

En 1998 incluyeron el tema “Yo la tuve” en la compilación tributo a Sonic Youth, titulada Re: Echo Canyon, armada por Asher Feldman desde el mailing list de fans del grupo.

Recién en 2024 se publicaron en Bandcamp grabaciones y ensayos de El Rayo X, de donde se extrae la canción “Edén”. El tema deja escuchar con claridad una de las marcas del grupo: guitarras tensas y disonantes que remiten al noise rock de Sonic Youth. Sobre esa base áspera aparece una letra mínima: “muy lejos de aquí / un lugar / Edén”, que sugiere la imagen de un lugar distante, casi imaginado.

En 2021, Miguel Uza también liberó un archivo de grabaciones personales realizadas entre 1993-2001. Tras la disolución de El Rayo X, Uza formaría Rayobac, Manuel Larrea formaría una banda death metal llamada Repugnancia y Armando “Chuto” Andrade tendría un paso por El Aire.

ESPIRA – Bajo tus sueños (1996)

Luego de Ácidos Acme, Miguel Ángel Burga formó Claroscuro, banda que posteriormente pasó a llamarse Espira. El grupo se volcó por completo al sonido del shoegaze.

Lo integraban Aldo Castillejos (batería), Miguel Ángel Burga (guitarra y voz), Omar Ochoa (bajo) y Renzo Lari (guitarra). El tema “Bajo tus sueños”, aún bajo el nombre de Claroscuro, apareció en 1996 en el compilatorio Bichos Raros, del sello Navaja, un disco que ofrecía una amplia fotografía de la nueva escena alternativa local. Dentro de ese panorama, “Bajo tus sueños” sobresalía como la única pieza abiertamente inscrita en el shoegaze: una melodía de impronta pop sostenida por capas de guitarras distorsionadas, con una voz susurrante y una letra introspectiva de marcado desgarro emocional. La misma grabación sería luego incluida en la maqueta debut de Espira, titulada como la canción.

Espira

En paralelo, comenzaban a perfilarse otras propuestas afines al shoegaze y la neo-psicodelia, cuyos integrantes empezaron a articularse organizando conciertos (entre ellos uno en el Más Allá, en Barranco, y otro en el Árabe Pub de San Martín de Porres) y editando maquetas. Una de esas iniciativas fue el casete compilatorio Crisálida Sónica, que reunía a Catervas, Hipnosacención, Avalonia y Espira, proyectos cuyos integrantes provenían de distintos puntos de la ciudad. A este núcleo habría que sumar otros proyectos como Diosmehaviolado, Labioxina, Girálea y Resplandor. En ese proceso, la sala de ensayos Melchormalo, de Eduardo Chinchay, ubicada en el distrito de Surco, funcionó también como un espacio de encuentro, donde varias de estas bandas solían ensayar y realizar pequeños conciertos privados.

“Bajo tus sueños” se ha convertido en una canción emblemática del shoegaze peruano y en una pieza de culto, como lo demuestra el reciente cover realizado por la banda mexicana Celeste Siamés.

En 1998 se dio a conocer un nuevo trabajo de Espira, titulado Electr-OM, ya únicamente con Miguel Ángel Burga y Aldo Castillejos en la formación. Para entonces, el proyecto se había alejado del shoegaze y exploraba más bien el drone, las estructuras repetitivas influidas por krautrock y una atmósfera de marcado carácter ritual y psicodélico. Espira llegó a su fin poco después. Al año siguiente, Burga pasó a integrar la banda Los Últimos Días del Dr. Zaius y posteriormente formaría La Ira de Dios.

El año 2014, el colectivo Yuraqyana publicó una entrevista-documental sobre Espira, recogiendo el testimonio de Miguel Ángel Burga y Aldo Castillejos. Ese mismo año, Espira hizo un único concierto de reunión en Bar Lima.

RESPLANDOR – Melancolía (1998)

Antonio Zelada inició Resplandor en 1996 y publicó su primera maqueta, el EP Sol de Hiel, dos años después. El trabajo, compuesto por cuatro temas, entre ellos “Melancolía”, apareció cuando la banda aún era un dúo que Zelada (voz, guitarra) integraba junto a Wilmer Ruiz (teclados, sintes). Para la publicación de su álbum debut Elipse (2000), el proyecto se convertiría en trío con la incorporación de Luis Rodríguez en la guitarra. Cercanos a las bandas del colectivo Crisálida Sónica, se movieron de forma independiente en un período en el que, hacia fines de los noventa, en Lima se hablaba de una movida etérea/dark, con bandas como Séptimo Cielo, Ilusión Marchita, Mentiras Hermanas, Dolores Deliro, Danza Rota, Asido Tubalius, entre otras.

“Melancolía”, al igual que los demás temas del EP y del álbum debut, se inscribe en el dream pop, con una marcada influencia de Cocteau Twins y Silvania. El tema privilegia guitarras cristalinas, tratadas con chorus que genera un efecto ondulante y expansivo, la voz sumergida en reverb, refuerza la lírica de tono introspectivo y romántico.

Un aspecto importante en la trayectoria de Resplandor es su rápida conexión con un circuito internacional, ejemplificada en su participación en diversas compilaciones indie y shoegaze, y la aparición en 2002 de su segundo álbum Ámbar, a través del sello alemán Alison Records. Resplandor, actualmente radicado en Holanda, ha seguido en actividad publicando a través de su propio sello discográfico Automatic.

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ELECTRO-Z – En ficción (1999)

En octubre de 1999, las paredes de diversas calles de Lima aparecieron empapeladas con un afiche azul en el que se leía “Electro-Z”. La ilustración del poster mostraba un rayo que se desprendía del propio nombre y caía sobre la silueta de un personaje suspendido en el aire. Se anunciaba un concierto gratuito. Así hacía Electro-z su presentación en sociedad.

A diferencia del dream pop, el shoegaze y el rock alternativo que ya circulaban en Lima, el entonces trío conformado por Jennifer Cornejo, Luis Aníbal Salgado y Carlos García (los dos últimos se habían conocido por la banda Circo de Marionetas, donde el primero era guitarrista) exploraba un sonido guitarrero, abrasivo y a la vez melódico, con referencias a Pixies, Pavement y Sonic Youth. Esa combinación tenía, para ese momento, pocos equivalentes claros en la escena limeña de entonces, lo que reforzó su carácter singular dentro del circuito.

La aparición del álbum debut ese mismo año generó gran sorpresa. Contó con el apoyo financiero de Jorge Villacorta, curador de arte y figura muy respetada en la escena local. Su producción cuidada y la amplia difusión del disco hicieron que la banda llamara la atención más allá de su circuito inmediato, lo que les permitió presentarse en festivales como los de Campo de Marte y la Universidad Nacional Agraria, además de participar en televisión.

“En Ficción” fue uno de los sencillos del álbum y contó con un videoclip realizado por Álex Carbajal. La canción se abre con la voz de Jennifer, que canta con una dicción particular, casi deslizándose sobre las palabras, lo que refuerza el clima íntimo de la canción. La letra habla de tomar fotografías, montar bicicleta o esconderse bajo la cama, encadenando escenas breves que remiten a la infancia, convertida aquí en fuente de imágenes y emociones.

Pero tras esa primera mitad luminosa y casi naïf, el tema estalla en una descarga de guitarras noise rock, revelando la otra cara del grupo: un costado ruidoso y abrasivo que en vivo se amplificaba aún más.

En 2001, Jennifer y Luis Aníbal, junto al baterista Christian Vargas, se mudaron a Nueva York, donde continuaron con la banda y grabaron algunos demos para un siguiente álbum. Algunos temas nuevos y versiones aparecieron en compilaciones. Sin embargo, la historia quedó allí. Más adelante, Jennifer y Luis Aníbal fundaron una nueva banda llamada Dasher, con la que regresaron a Lima en 2005 para ofrecer tres conciertos, dedicando una parte del repertorio a los temas de Electro-Z. Para entonces, una nueva generación de bandas indie ya había surgido en la ciudad. En 2017 se estrenó el documental Nunca fue ficción: la historia de Electro-Z, dirigido por Alonso Bello Sánchez.

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CATERVAS – Garabatos (2001)

Formada en 1996 por los hermanos Reyes -Javier (batería), Pedro (voz y guitarra) y Raúl (bajo)-, junto a Wilmer Ruiz (teclados y sintetizadores), Catervas llegó a 2001 con un sonido ya muy distinto al de su maqueta de 1998. Varios de aquellos temas fueron regrabados, con ajustes en las letras y una instrumentación más definida. Si en el demo predominaban las atmósferas y las capas de sintetizador, en el debut esas ideas se afinaron y el pulso melódico ganó claridad.

El carácter pop se volvió más evidente, sin perder la riqueza de texturas ni el cuidado en los detalles de producción. Así, la banda consolidó una identidad propia dentro del indie. “Garabatos”, en su nueva versión, se convirtió en un pequeño hit, impulsado también por la difusión del videoclip dirigido por Álex Carbajal.

Si en la maqueta de 1998 la canción tenía un aire más atmosférico y una letra más introspectiva, en la versión de 2001 el tono se volvió más directo y cotidiano. El propio videoclip mostraba escenas en la habitación de la banda, camisetas con la frase “Jódete, soy un Catervas” y una puesta en escena más espontánea que reforzaba esa sensación de frescura generacional.

En 2004 lanzaron Semáforos, un álbum que consolidó la propuesta de la banda y marcó una etapa de mayor madurez. Desde entonces, Catervas se ha mantenido activo hasta la actualidad.

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LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL DR. ZAIUZ – Bala (2001)

Activos entre 2000 y 2001, Los Últimos Días del Dr. Zaius (LUDZ) estuvieron integrados por Yamile Olivas (guitarra y voz), Renzo Filinich (guitarra y efectos), César Araujo (batería) y Chino Burga (bajo). Ofrecieron no más de cinco conciertos y publicaron la canción “Bala”, que contó con un videoclip realizado por Santiago Herrera y alcanzó una rotación constante en el recordado programa Distorsión, conducido por Pedro Cornejo. En 2002, el tema fue incluido en la compilación Venus Ataca, editada por la revista Caleta. Hasta hoy, ha sido la única canción oficialmente publicada por el grupo.

“Bala” se inscribe en el noise rock, aunque mantiene un pulso melódico definido. Se sostiene en estructuras repetitivas y en el uso de efectos, en particular trémolos, que la acercan a la neopsicodelia. Sobre esa base, la voz de Yamile Olivas, de intensa expresividad y siempre en primer plano, sugiere la inminencia de un disparo: más que describirlo de manera literal, la canción parece encarnar su trayecto y su impacto.

Aunque coincidieron en el tiempo con Electro-Z, sus caminos nunca llegaron a cruzarse. Tras la experiencia de LUDZ, Yamile Olivas formó el grupo Boomerang y actualmente integra la banda Ruri; Renzo Filinich creó Quematuradio a la vez que iniciaba una carrera en la música electroacústica; Chino Burga continuó al frente de La Ira de Dios y proyectos solistas; y César Araujo siguió con Asmereir, además de tocar en diversas bandas de stoner. Filinich ha señalado que existe otra canción grabada por la banda que espera ver la luz pronto.

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RAYOBAC – Canción para girar (2002)

Rayobac se formó en el año 2000 con Miguel Uza (guitarra y voz), Valentín Yoshimoto (guitarra), Carlos “Carlangas” García (guitarra y osciladores) y Neto Pérez (batería). El grupo surgió tras la disolución de El Rayo X, banda en la que Uza había desarrollado un sonido marcado por el noise rock y el uso de afinaciones poco convencionales de guitarra. Según el crítico musical Francisco Melgar (último baterista de esa banda y primer baterista de Rayobac), el tema “Yo la tuve” (1998), grabado por el grupo para la compilación tributo a Sonic Youth Re: Echo Canyon, puede entenderse como un antecedente del giro que tomaría luego Rayobac, marcando la transición desde el punk y el noise rock de esa etapa hacia una instrumentación más cercana al post rock.

“Canción para girar” apareció en el álbum Tributo a la Niñez, concebido como un homenaje a Yola Polastri, animadora y cantante de música infantil. Para esa compilación, Rayobac versionó el clásico del argentino Pipo Pescador que Yola había popularizado en el Perú a fines de los años setenta. La interpretación del grupo respeta la melodía original, pero la envuelve en una muralla de capas de guitarras distorsionadas, mientras la voz seca y casi inexpresiva de Miguel Uza se sitúa sobre una base sonora inscrita en la tradición del noise rock.

Rayobac

Tributo a la Niñez fue todo un suceso y recibió amplia cobertura en la prensa por la originalidad de la propuesta. Al año siguiente, Rayobac participó en la compilación Contraataque – Tributo al rock subterráneo, con una versión de “La esquina es la misma”, de Zcuela Cerrada, reafirmando su capacidad para trabajar el formato canción sin renunciar a las capas de ruido. La banda también apareció en otras compilaciones de la época, como las editadas por las revistas Caleta e Interzona, con piezas instrumentales que subrayaban su costado más atmosférico.

Durante su etapa de actividad (2000–2004), ofrecieron algunos de los conciertos más ruidosos que podían escucharse en Lima por entonces, como el recordado show junto a Las Vacas de Wisconsin, grupo de características afines, aunque esencialmente instrumental. En esa misma órbita de noise rock también se movían bandas como Hal, Ertiub y El Paciente Espora.

El último concierto de Rayobac tuvo lugar en 2004, ya solo con Carlangas y Valentín en escena, tras la partida de Miguel Uza a España. Dejaron un disco grabado en 2003, publicado recién en 2007 por el sello Internerds. Después de Rayobac, Carlangas formaría el trío post rock Crossota, Valentín Yoshimoto se uniría a la banda de noise Liquidarlo Celuloide, Neto Pérez formaría el grupo de rock psicodélico Plecss, y Miguel Uza desarrollaría diversos proyectos personales orientados a la experimentación sonora ya radicado en Barcelona.

ABRELATAS – Concreto (2003)

Tras su paso como baterista en Electro-Z, Christian Vargas se trasladó en 2002 a New Jersey para continuar trabajando en nuevas composiciones con la banda. En paralelo, comenzó a grabar en un portaestudio canciones que ya venía gestando, proceso del que surgirían las primeras maquetas de Apple Cases y Abrelatas.

“Concreto” fue la primera canción que Vargas dio a conocer bajo el nombre de Abrelatas. Aparecida en noviembre de 2003 en el compilado Verano del 69 de la revista 69, contó con la participación de Jorge Páez (bajo y coros), quien poco después se integraría formalmente al proyecto. Dicha compilación reunió a varias propuestas emergentes de la escena independiente local, (entre ellas a Turbopótamos con “She Said” que mostraba su lado más power pop) y situó a Abrelatas dentro de ese nuevo circuito.

Construida sobre una base de teclados, bajo y batería, la pieza exhibe una vocación abiertamente pop. El teclado no solo sostiene la armonía, sino que, a partir de sus presets y bancos de sonido, introduce timbres y efectos (guitarras simuladas, voces, chillidos y ladridos) que le confieren un aire lúdico y dinámico, mientras la batería se despliega con soltura, oímos a Christian cantar frases como “imposible encajar perfecto”, que dejan entrever una historia de desencuentros y de vínculos que no terminan de funcionar.

Al año siguiente, Abrelatas publicó su álbum debut, Hormigas boca arriba, grabado íntegramente por Christian Vargas y Jorge Páez para el naciente sello independiente Basto Discos. Para las presentaciones en vivo se sumó Rony Quiroz en guitarra; posteriormente, Pablo Goto reemplazaría a Páez en teclados y coros tras migrar a España.

Ese mismo año, el tema “Just A Plane” de Apple Cases apareció en la compilación Vamos a ser felices, primera referencia del sello Buh Records. El disco también incluyó “Mundial del 78”, de Zillones para Andy (proyecto de Jorge Páez), así como “Invitación” de Estebannicomena y “Pennycrayon”, ambos liderados por Rony Quiroz, registros de espíritu artesanal que daban cuenta de un impulso de pop doméstico en gestación.

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SERPENTINA SATÉLITE – Malibú 69 (2003)

Aunque Serpentina Satélite es recordada principalmente por sus álbumes de space rock, en sus inicios exploró el formato canción con influencias del garage psicodélico y el indie rock. Formados en 2003, se dieron a conocer con “Malibú 69”, incluida ese mismo año en la compilación Verano del 69 de la revista 69. Más que apoyarse en la introspección o el minimalismo habituales en parte del indie de la época, el tema se inclinaba por una interpretación directa y de alta intensidad. En esta primera etapa, la banda estaba integrada por Renato Gómez (guitarra), Félix Dextre (bajo), Aldo Castillejos (batería), Carlos Mariño (guitarra) y Pilar Talavera (voz).

En “Malibú 69” conviven guitarras que remiten al enfoque disonante de Sonic Youth, envueltas en una bruma psicodélica, pero sostenidas por un pulso directo y crudo que las acerca al garage rock. La voz de Pilar oscila entre una narración contenida y estallidos de mayor intensidad; ese vaivén entre control y desborde imprime a la canción una sensación de vértigo y velocidad, reforzando una letra que sitúa la acción en una madrugada marcada por la ansiedad y el deseo, donde el desgaste físico y emocional se mezcla con una necesidad afectiva casi obsesiva.

Tras un breve período en Serpentina Satélite, Pilar Talavera se unió a Hal, para luego formar su propia banda, un trío femenino lo-fi llamado Chica Chica Chiquita. La actividad de Serpentina Satélite se concentraría en adelante en el Space Rock, siendo seminal en el surgimiento de una nueva movida al lado de agrupaciones como La Ira de Dios y Qondor.

LEGO – Pennycrayon (2004)

En 2002, Rony Quiroz (guitarra y voz) y Christian Marlow (batería), conocido como Luis Puigross, vecinos y amigos del distrito de Chorrillos, comenzaron a reunirse para ensayar algunas canciones compuestas por Quiroz, inicialmente sin mayores pretensiones que pasar el rato. Poco después se sumó Jorge Páez (teclados), quien junto a Quiroz habían empezado a ensayar con Christian Vargas de Abrelatas. Fue en el home studio de este último donde registraron “Pennycrayon”, una canción marcada por la influencia de bandas como Guided by Voices y Pavement.

“Pennycrayon”, con su sonido crudo y claramente lo-fi, con la voz de Rony levemente saturada, retrata la rutina de un día cualquiera que se transforma con la aparición de un contacto, probablemente a través de MSN, describiendo la sociabilidad digital de mediados de los 2000. Detrás de la emoción de esa conexión, sin embargo, surge el deseo de ocupar un lugar central en la vida del otro, revelando la intensidad e inseguridad de ese vínculo.

Puigross recopiló varias de las grabaciones lo-fi realizadas en ese entorno de amigos, incluyendo canciones de Apple Cases (Christian Vargas), Zillones para Andy (Jorge Páez), Cajas y Burbujas (Henry Gates y Sandra Villarreal), Super Quispe (Rony Quiroz y Luis Puigross), Estebannicomena (Rony Quiroz) y Lego, entre otros. De esa primera selección surgió la idea de la compilación Vamos a ser felices, publicada en 2004. El disco, que incluía también a proyectos como Lunik y Callahan, entre muchos otros, se convirtió en la primera referencia de Buh Records y acompañó el lanzamiento del primer número del fanzine Autobús. La compilación fue una muestra de un nuevo impulso DIY aún disperso pero reconocible, vinculado a la grabación doméstica y la autogestión, que comenzaba a expandirse en Lima, en sintonía con la aparición de nuevos sellos locales y favorecido por la masificación del CDR. El fanzine y la compilación se presentaron con un concierto en noviembre del 2004, donde Lego hizo su debut en vivo, quizá el único concierto que realizaron.

AMBARINA – For Everything That Happens (2004)

Formados en 2002 por Antonio Saavedra (guitarra y voz), Ever De la Cruz (bajo y guitarra), Luis Saavedra (bajo y producción) y Elmer Delgado (batería), en Lima Norte, Ambarina surgió en un momento en que buena parte del indie que empezaba a consolidarse en Lima se inclinaba hacia un sonido más guitarrero y ruidoso; frente a ello, la banda optó por lo que llamaban “pop artesanal”, una propuesta melódica que se nutría del jangle pop, con guitarras limpias y brillantes, una sensibilidad melancólica y un aire sutilmente dream pop, en sintonía con el sonido de artistas como The Ocean Blue y con la tradición del indie pop difundida por sellos como Sarah Records o Shelflife Records.

“For Everything That Happens” es una muestra clara de esa sensibilidad. La canción está incluida en el EP debut de Ambarina, Desde la Madrugada, publicado a través del propio sello de Antonio Saavedra, Mary Celeste Records (que también albergaba a otros artistas pop como Intervalia y Felpa), y que fue asimismo un signo de la gestación de una escena de sellos independientes y autogestionados a nivel local, muchos de los cuales comenzaron a trabajar con tirajes mínimos en formato CDR. La canción despliega una imaginería luminosa atravesada por una melancolía sutil, marcada por la conciencia del paso del tiempo y la necesidad de preservar lo compartido. Posteriormente fue incluida también en la compilación Bonus Track Setiembre 2005, del sello Internerds, distribuida con la revista Freak Out, que daba cuenta del surgimiento de una diversidad de propuestas indie.

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CAUDILLISMO & PEDIGRÍ – “Dance in My Backyard” (excerpt) (2004)

En simultáneo a la salida del álbum debut de su banda El Hombre Misterioso, Santiago Pillado-Matheu había encontrado un momento para grabar la música de un proyecto interdisciplinario junto al artista gráfico José Antonio Mesones, también conocido como Goster. Se trataba de una exhibición en torno a las láminas Huascarán, aquellas láminas escolares de historia ampliamente difundidas en colegios peruanos, cuya intervención proponía un comentario sobre la historia reciente del Perú (el proceso de independencia y el régimen militar), así como sobre estructuras persistentes como el clasismo y el racismo. La música, que acompañó la muestra, se grabó en una four-track, combinando un Casiotone con palmas, voces y otros recursos mínimos, además de guitarras, baterías, latas y juguetes, y se publicó en formato CD a través del recién inaugurado sello discográfico independiente Descabellado.

Sobre estructuras melódicas reiterativas, Pillado-Matheu desarrolla textos con un fraseo suelto y conversacional, como si las palabras se organizaran a medida que avanzan. Esa sensación de inmediatez (casi de pensamiento en voz alta) constituye una de las principales características de su estilo, también presente en El Hombre Misterioso. En “Dance in My Backyard”, la reiteración melódica se acompaña de la incorporación progresiva de nuevos elementos (guitarras, coros y otras voces, entre ellas la de su hermana Lara, entonces una niña), sostenidos por una línea de teclado que funciona como bucle. La letra, cantada en una mezcla de inglés y castellano, refuerza esa impresión de desplazamiento; la frase que da título a la canción sugiere un espacio lateral o doméstico que aún permite una forma mínima de celebración cotidiana.

Caudillismo & Pedigrí se presentó en vivo en una única ocasión en París, en la Fête de L’Humanité, además de un par de locales de conciertos de la ciudad. Luego de este intermedio, Santiago Pillado-Matheu continuó desarrollando una importante carrera con su banda de rock El Hombre Misterioso.

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CALLAHAN – “Bed-room” (2005)

Antonio Saavedra, de Ambarina, comentó en alguna ocasión que Callahan eran “nuestros Cartwheel limeños”, en alusión al carácter minimalista y doméstico que definía al dúo conformado por Iván Esquivel (guitarra), quien venía del rock subterráneo y Christian Marlow (batería y pandereta). El proyecto (cuyo nombre parece remitir a Bill Callahan, líder de Smog, es en realidad un homenaje a Harry El Sucio) se dio a conocer en 2003 como iniciativa solista de Esquivel, con un track incluido en una compilación del fanzine Interzona. Al año siguiente fue invitado a participar en la compilación Vamos a ser felices, publicada por Buh Records, y el proyecto (que hasta entonces no había salido del dormitorio de Esquivel) se expandió hacia los shows en vivo y la producción de un EP, para lo cual se sumó Christian Marlow.

“Bed-room” se extrae del EP homónimo, aparecido en 2005, en el que también participa Víctor Hugo Vargas, de Mi Jardín Secreto, en guitarra. Aquí Callahan construye miniaturas instrumentales de indie pop cuyos títulos: “Pasatiempo”, “Un minuto en Barcelona”, “Bed-room”, remiten a una estética de la vida doméstica y los pequeños tiempos muertos. La portada presentaba una ilustración de Natalia Vásquez, ilustradora de libros infantiles y autora del fanzine de ilustración No Disponible, de tono ácido.

El EP fue publicado de manera independiente, aun cuando Esquivel había fundado en 2004 el sello Internerds (2004–2007), plataforma que, a través de diversas compilaciones y lanzamientos, presentó a una nueva generación de bandas y solistas limeños dentro de un espectro amplio del indie que incluía también aproximaciones a la electrónica y la experimentación. En total fueron 14 lanzamientos, acompañados de una identidad gráfica coherente y reconocible: una estética situada entre el minimalismo y el dibujo de trazo simple, con colores planos y una apariencia deliberadamente ingenua y lúdica, cercana a un imaginario gráfico infantil trasladado al ámbito del pop independiente.

Christian Marlow e Iván Esquivel de Callahan

Esa dimensión visual no era secundaria. Esquivel, diseñador de formación y artista visual ya reconocido en el medio local (con una trayectoria que incluía su paso por la electrónica de los noventa y la difusión internacional del videoclip “Number” de su proyecto Plastikk, de alta rotación en MTV), articuló en Internerds un proyecto donde lo sonoro y lo gráfico respondían a una misma sensibilidad.

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KINDER – Aeropuerto 4am (2005)

Al igual que Serpentina Satélite, Kinder son conocidos por sus discos de math rock y post rock, principalmente instrumentales. Sin embargo, en sus inicios tuvieron un breve paso por un sonido más cercano al indie rock, apoyado en caja de ritmos y programación electrónica.

Formados en 2004 por Nicolás Gjivanovic (guitarra), Mariano La Torre (guitarra y oscilador), David Acuña Sanguinetti (caja de ritmos y sintetizador) y Paulo Novoa (voz), Kinder encontró rápidamente un lugar dentro de la naciente escena indie de mediados de los 2000. Llamaron la atención con dos canciones: “David en el Jardín”, incluida en la compilación No Nos Ganan de la revista 69; y “Aeropuerto 4AM”, aparecida en la compilación Bonus Track Septiembre 2005, del sello Internerds, difundida junto a la revista Freak Out.

Kinder

Ambas canciones generaron una respuesta inmediata: fueron invitados a grabar una sesión en televisión para el programa Jammin, mientras el público comenzaba a asistir en número creciente a sus conciertos.

“Aeropuerto 4AM” deja entrever la influencia que Electro-Z ejerció sobre una generación de músicos locales. En dicho tema la voz de Paulo Novoa se impone por la calidad de su interpretación, que sostiene una canción construida sobre una dinámica de tensión progresiva. La letra retrata una despedida en la madrugada y oscila entre la esperanza del regreso y la intuición de una separación definitiva, utilizando el avión como imagen de una distancia emocional.

Hacia 2006, Internerds publicó un mini-EP que anticipaba lo que sería el LP debut de Kinder. Poco después, Paulo Novoa se retiró del grupo para seguir otros proyectos personales, entre ellos Velocet. A partir de entonces, la banda desarrolló una trayectoria, volcado ya al rock instrumental, convirtiéndose en un referente del math rock y el post rock locales. Entre otras bandas que siguieron un lenguaje afín se encuentran El mundo de Pecval y The Satellite.

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DEMOLICIÓN – Artes marciales (2005)

En los primeros años de la década del 2000, cuando empezaba a tomar forma una sensibilidad indie en Lima, varios proyectos optaron por la inmediatez antes que por el virtuosismo. Las canciones parecían surgir en estado casi crudo, como maquetas apenas intervenidas: ejecuciones rudimentarias, estructuras simples y grabaciones donde el aprendizaje quedaba expuesto como parte del resultado. Más que una limitación, esa relación flexible con la técnica se alineaba con una tradición más amplia del indie y el lo-fi internacional, donde el amateurismo instrumental ya había sido legitimado. En ese contexto, tocar “mal” podía leerse como una declaración de principios antes que como una carencia.

A nivel local, esa actitud encontró una expresión visible en bandas como Las Tabas, Chica Chica Chiquita y Demolición. Este último grupo, integrado por José Emanuel (bajo), Guillermo Chumpitaz (guitarra), Daniel Pérez (batería) y Roque Ruiz (voz), estuvo activo en Miami entre 2003 y 2004, cuando sus cuatro integrantes peruanos coincidieron en esa ciudad. De esa breve experiencia quedaron algunas canciones, entre ellas “Artes Marciales”, grabada en una sala de ensayo con una four-track y difundida luego en la compilación Es pop, mamá (2005), distribuida por la revista 69. Según Ruiz, la intención era hacer indie pop “de verdad”, en la línea de bandas que oían como Funday Mornings o The Tidy Ups; sin embargo, el resultado terminó inclinándose hacia un sonido más punk y menos pulido de lo previsto.

Esa misma tensión entre la aspiración y la realidad atraviesa también la letra. La canción presenta a un joven encerrado en su cuarto tras una ruptura amorosa, consumido por el aburrimiento y la frustración. Recurre a las películas de kung fu que veía con su ex pareja para imaginarse fuerte, aunque la fantasía apenas disimula su vulnerabilidad: sus “ojos de kung fu” son el resultado de los moretones de una derrota sentimental asumida con ironía.

En agosto de 2006 se publicó, a través del sello Internerds, un casete con las grabaciones reunidas de Demolición titulado Laurita Lee El Bushidō.

Tras la separación del grupo, José Emanuel y Daniel Pérez pasaron a formar parte de Eva & John. Por su parte, Roque Ruiz desarrolló otros proyectos afines, como La Silla Eléctrica y Los Rebeldes Walkie Talkie, además de cofundar junto a Jalo Núñez el sello Plastilina Records y, posteriormente, Cloudberry Records, ambos dedicados al indie pop. “Artes Marciales” fue incluida, junto con diversos artistas de esta ola indie comprendida entre el 2001 y 2009, en la compilación el El sonido del río hablador (vol.1), compilada por Joel Felipe para su sello Impermeable Records.

LAS TABAS – Tú, perro (2005)

Más que aparecer simplemente como otra banda en la naciente movida indie, Las Tabas representaron una presencia en sí misma desafiante dentro de la escena local. En un entorno marcado por dinámicas mayoritariamente masculinas, la irrupción de una banda con una sensibilidad feminista funcionó como un cuestionamiento implícito a ese orden.

Formada por Verónica Boggio (bajo), Paloma Oliver (batería y voces) (dos antropólogas que se habían conocido en la PUCP) y Sandra Arellano (guitarra y voces) (abogada) en 2002, la banda llamó rápidamente la atención por sus presentaciones en vivo: letras mordaces, la inclusión inesperada de una cumbia en el repertorio y una actitud despreocupada sobre el escenario. Incluso cuando se equivocaban y volvían a empezar una canción, ese gesto, funcionaba como una negativa a someterse a las exigencias de pulcritud y virtuosismo que tradicionalmente legitimaban a las bandas en escena.

En 2005, Las Tabas aparecieron en tres compilaciones dirigidas a públicos distintos, lo que da cuenta del amplio espectro en el que podían ser percibidas. La canción “No Sol” fue incluida en Bonus Tracks Setiembre 2005, del sello Internerds, que reunía a una nueva camada de bandas indie locales de orientación más lo-fi. Por su parte, “Asesino” apareció en No Nos Ganan, compilado de la revista 69, donde convivían propuestas indie de perfil lo-fi con otras de rock más profesionalizado. Finalmente, “Tú, Perro” formó parte de I Love Low-Fi, publicado por Deskicia Records, que agrupaba a una generación de bandas punk tan disímiles como Morbo o Los Falsos del Perú, unidas por cierta irreverencia y desenfreno.

Las Tabas

Sin duda esta última fue una de las canciones más difundas de la banda, y retrata a un personaje que se presenta como “el papi de las nenas”, seguro de sí mismo y emocionalmente inaccesible. Con humor, la canción desmonta la pose del seductor autosuficiente y expone sus contradicciones, reforzando esa voluntad de cuestionar los roles tradicionales que también atravesaba su presencia en escena.

Junto a Las Tabas, durante esos años también aparecieron otras voces femeninas como Chica Chica Chiquita, Luna o Tonka. Aunque sus propuestas no siempre se movían en el terreno más guitarrero del indie, las dos últimas se acercaban más a un pop o folk más íntimo, formaban parte de ese mismo circuito de proyectos independientes que empezaba a tomar forma en la ciudad.

Las Tabas estuvieron activas hasta 2006, año en que se reunieron sus singles y se grabaron nuevos temas que dieron forma a su EP debut homónimo. Ese mismo año se estrenó un mediometraje documental sobre la banda, dirigido por Roberto de la Puente. Luego, cada una de las integrantes continuó con su vida en diferentes países. Se volvieron a reunir en 2009 para presentar el disco en un único concierto.

Ese mismo año, una primera reunión de sellos independientes locales se realizó en el Bowling del distrito de Miraflores, dando cuenta de una serie de iniciativas que venían gestándose. Al año siguiente, una segunda edición tuvo lugar en la galería (s) Star, en el centro de Lima, y convocó a un público numeroso, confirmando el crecimiento de ese circuito. Las ferias coincidieron con un momento en que distintas iniciativas (sellos, bandas, locales de conciertos y publicaciones) comenzaban a encontrar mayor visibilidad dentro de la escena independiente, marcando una nueva etapa del indie en la ciudad.