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Algunas reflexiones sobre la escucha precaria
En el marco del día mundial de la escucha 2025
Por Ale Borea
El concepto de escucha precaria surgió de la carne. Con el culo aplastado en una silla plástica negra, vigilando una sala de exhibición sumergida en instalaciones inmersivas, ahogada en drones y loops que me acorralaban dentro de un sistema cuadrafónico de alta fidelidad, gané sueldo mínimo por cada hora de exhibición (o exposición) en esta catacumba sónica.
El paisaje sonoro, altamente mediado, fatigaba mis pensamientos, repitiéndose sin fin a lo largo de turnos extensos, hasta el agotamiento. Un loop de tres minutos de cristales rompiéndose, una y otra vez, cada estallido chocando contra un beat activado: estábamos alerta. Gritos de hombres se filtraban desde un video cercano y marcaban el paso de cada diez minutos. Un zumbido agudo, sostenido durante minuto y medio, se repetía cada ocho. Cada trece minutos, todo era tragado por el estruendo de los dos subwoofers, que hacían temblar la sala de proyección. Luego, todo comenzaba de nuevo: “borrón y cuenta nueva”. Una y otra vez. Por semanas, meses, temporadas.
Esta experiencia encarnada (y el largo “tiempo muerto” para pensar dentro del cubo blanco) me llevó a reflexionar sobre cómo, bajo ciertas condiciones, la escucha deja de ser voluntaria, placentera o neutral. El sonido puede ser curado, analizado, discutido; pero también puede saturar, agotar y persistir. Quienes lo soportan a diario habitan otro modo de escucha. Aquí, la “inmersión” no es una cualidad estética ni un privilegio, sino una condición que se debe gestionar, resistir, incluso.¿Qué significaría tomar esta resistencia sensorial vivida como fundamento para pensar con y a través del sonido? ¿Qué decimos cuando hablamos de precariedad y escucha, o cuando comenzamos a entender la escucha como precariedad?
En un sentido más limitado, el término precario alude a la flexibilización del trabajo bajo la lógica neoliberal, donde los cuerpos que necesitan producir sus medios de vida lo hacen navegando condiciones materiales y sensoriales inestables…
¿Qué se vuelve audible para el trabajador migrante en un call center en Colorado? ¿Cómo transita el conductor de autobús en Calcuta los sonidos de la ciudad? ¿Qué escucha un obrero de construcción en Lima durante sus turnos de diez horas? ¿Cómo escucha la guardia del aeropuerto en Bamako? ¿Cómo escucha una madre palestina todos los días? ¿Qué oyen ellos desde adentro que nosotros no?
Aun así, la escucha precaria no es únicamente un aspecto o condición del trabajo precario. Aunque el término surgió a partir de reflexiones sobre el desgaste corporal y la sensibilidad intensificada que se experimentan de forma extendida en contextos poscapitalistas —dentro y fuera del centro de trabajo—, también remite a la distribución desigual de lo sensible, como propone Jacques Rancière, y a los modos de escucha que emergen de esas divisiones. En última instancia, apunta a cómo las condiciones de fragilidad e indeterminación se vuelven audibles en y entre los cuerpos.
En su núcleo, lo que llamo escucha precaria se nutre de la noción de precariedad de Judith Butler: una vulnerabilidad compartida, intrínseca a la condición (pos)humana, profundamente entrelazada con los ritmos y estructuras de la vida poscapitalista. Esta condición de vulnerabilidad se experimenta, entre muchas otras dimensiones, a través de temporalidades fragmentadas, agencia suspendida y movilidad restringida. Sin embargo, cuando estas condiciones se distribuyen de forma desigual, se transforman en precariedad (Butler), revelando ensamblajes políticos en los cuales algunos cuerpos se mueven (y hablan, y escuchan) con más libertad que otros (Sara Ahmed).
Incluso cuando los cuerpos están expuestos a los “mismos” entornos sonoros, sus modos de escucha permanecen desiguales. El sentido se produce de forma distinta; el afecto se vive de forma diferente. El sonido y el silencio (y la capacidad de reflexionar sobre ellos) también son cuestiones de clase. No compartimos las mismas condiciones materiales ni simbólicas para escuchar. Algunas personas pueden detenerse a prestar oído, tienen el tiempo, el espacio o la libertad para escuchar “de otra manera”: oír otro posible estado de cosas, escuchar estéticamente desde la calma. Otras no pueden permitirse escuchar más allá del miedo, la ansiedad o el agotamiento; escuchan por supervivencia.
En este sentido expandido, entiendo la escucha precaria como:
1) escucha constreñida:
Una condición en la que la escucha misma está moldeada por el agotamiento, la ansiedad, el miedo, la vigilancia, la distracción, o por cualquiera de los múltiples modos del sensorio producido por el capitalismo tardío, aquella condición “psicosomática” que se sedimenta como una “nueva normalidad”.
La precariedad en este sentido va más allá de denominar las condiciones y modos en que los cuerpos trabajan y soportan intensidades sonoras en condiciones adversas (el contexto del que surgieron estas reflexiones): dentro y más allá del campo laboral, se trata de una vivir desde una sensibilidad inestable, habitar un tiempo fracturado, navegar una sensación de fragilidad ante el mundo (Gabriel Giorgi); una escucha afinada a la amenaza, orientada a la supervivencia, fragmentada por la constante vulnerabilidad a la interrupción, a ser destruida; dañada, saturada; una escucha que se apaga, se bloquea o colapsa bajo su propio peso; una escucha apresurada, comprimida, desprovista de los medios para devenir estética.
Una escucha dolorosa. Horrible.
¿Quién, entonces, puede realmente permitirse escuchar más allá del constreñimiento?
O, para reformular la pregunta: ¿qué podrían revelarnos estas constricciones sobre otras formas posibles de escuchar?
2) como práctica, potencia:
Practicar la escucha precaria como una fuerza generativa que surge desde el reconocimiento tácito de una vulnerabilidad compartida. Es una escucha que se dispone ante el otro y ofrece un estar-con y que atiende a las condiciones que subyacen a los modos de escucha. Ello implica, naturalmente, una operación de “socializar” el malestar a través del prestar atención, ofrecer refugio en la espiral de nuestro oído.
Esta escucha invita a oír los silencios, los residuos, la fatiga; a identificar en estos fragmentos residuales de discurso las semillas de ficciones emancipatorias. Desde las grietas de las narrativas dominantes, quizás podamos comenzar a imaginar nuevas formas de percibir, de relacionarnos y de escuchar de otro modo.
La escucha precaria, en este sentido, es estar disponible para ser transformado por aquello que se escucha (Marie Thompson), pero también comprometerse a transformar las condiciones desiguales que no permiten que otros escuchen “de otro modo”.
Referencias:
Ahmed, Sara.
The Cultural Politics of Emotion. 2nd ed. Edinburgh: Edinburgh University Press, 2014.
Butler, Judith.
Precarious Life: The Powers of Mourning and Violence. London: Verso, 2004.
Butler, Judith.
Frames of War: When Is Life Grievable? London: Verso, 2009.
Giorgi, Gabriel.
“La alianza precaria / The Precarious Alliance.” Iberoamericana 20, no. 73 (March 2020): 73–82. https://www.jstor.org/stable/27091736.
Rancière, Jacques.
The Politics of Aesthetics: The Distribution of the Sensible. Translated by Gabriel Rockhill. London: Bloomsbury, 2004.
Thompson, Marie.
Beyond Unwanted Sound: Noise, Affect and Aesthetic Moralism. London: Bloomsbury Academic, 2017.
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Sobre la autora:
Ale Borea (Lima, 1993). Música, artista sonora e investigadora independiente afincada en Berlín. Realizó estudios de posgrado en Filosofía, especializándose en la fenomenología de la escucha y los estudios sonoros. Ha escrito artículos sobre escucha, música y sonido para diversas revistas y plataformas culturales tanto académicas como extra académicas. En 2020 lanzó su proyecto solista y ha publicado tres EP, en los que utiliza muestras de archivos sonoros (principalmente ruidos de telecomunicaciones) como materia prima para explorar imaginarios mediales. Asimismo, participa activamente en la escena musical independiente en Berlín, performando con diversos proyectos. Actualmente dirige la radio de la editorial independiente Consuelo Press.